Vivimos el momento de mayor revolución digital de la historia de la humanidad: estamos conectados de maneras casi impensables hace apenas una década y nuestra vida viene dictada por los pulsos de esa extensión de nuestra mano que llamamos smartphone.

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Sin embargo, en algunos de los procesos más importantes de nuestra actuación como sociedad todavía estamos anclados al lápiz y al papel. Los exámenes académicos, las notas que toma una persona que te entrevista para un empleo y, sobre todo, el voto son ejercicios que se hacen a la antigua usanza y pocas veces confiamos en máquinas para ello.

Desarrollar estas tareas de nuestro puño y letra nos ofrece una sensación de control. Si esta es falsa o no es un asunto que no entramos aquí a valorar. Pero lo cierto y lo que ratifican todos los expertos es que hacerlo da seguridad a quien las desempeña.

En relación a los procesos electorales, a este asunto, que tiene más que ver con la protección de nuestros intereses, se añade además un problema mayor: resulta complicado generar un sistema de votación digital que respete las normas básicas de este procedimiento.

Según declaraba la experta en seguridad electoral Susan Greenhalgh al programa de radio Digital Planet (BBC) el primer reto está en la necesidad de generar una solución masiva que, por un lado, sea capaz de identificarte y, por otro lado, pueda anonimizar tu voto.

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“Representa un desafío muy singular configurar un sistema de votación online seguro que no imite las otras actividades que hacemos, como la banca online o el comercio electrónico”, explicaba, porque “en EE. UU., al igual que en la mayoría de los países, tienes la promesa y garantía de que tu voto será secreto y primero tienes que poder validar tu identidad”.

En un comercio electrónico, por ejemplo en Amazon, otra persona puede comprar algo usando tu tarjeta de crédito y “la empresa no chequea la identidad de quien paga, sino que solo le importa que la tarjeta de crédito utilizada sea aprobada”, continuaba diciendo la experta. “Pero para poder votar yo tengo que poder ser identificada de forma fehaciente y luego tengo que emitir un voto que llega por internet a otra persona que lo recibe, pero que no puede saber a quién voté y yo no puedo saber si mi voto fue recibido”, añadía.

Vladimir Putin y Kim Jong-un en el vídeo deepfake realizado por RepresentUs.

Es decir: así como en el caso de un ecommerce puedes revisar tu cuenta y ver en el historial de pagos cuáles han sido los movimientos de tu tarjeta -y, en caso de fraude, alertar a las autoridades competentes-, en una votación electoral esto no es posible. “Una vez que votas no puedes ir a preguntar: ‘¿Recibieron mi voto para este candidato?’, así como ellos tampoco pueden venir a preguntarte si esa es la persona por la que votaste”, comentaba Greenhalgh, que opina que de ahí nace el potencial para que las elecciones sean ‘hackeadas’ sin poderse detectar.

La experta señala que, a pesar de los riesgos, más de 30 estados en EE. UU. permiten algún tipo de voto electrónico, en especial para los militares y los votantes en el extranjero.

Problemas: identificación, anonimato del voto y fiabilidad del resultado

Para Javier Prenafeta, abogado especialista en Tecnología de la firma 451.legal, existen tres principales problemas.

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En primer lugar, hay un falta de adopción de certificados digitales: “Tenemos un problema previo, que es conseguir que los certificados digitales resulten sencillos de usar, cómodos y confiables para la mayoría de la gente. Esto no es sólo un problema de mentalidad, sino también de usabilidad”, valora el abogado.

En segundo lugar, y coincidiendo con lo expuesto por Greenhalgh, es complicado “garantizar el anonimato del voto, teniendo claro que lógicamente hay que identificar al ciudadano previamente y comprobar que está en el censo”. “Hay que anonimizarlo para que el voto sea secreto, pero sin perder el control de que sigue siendo él”, subraya.

Por último, se debe garantizar que los resultados no se pueden alterar. “El recuento de votos ahora es manual e interviene mucha gente, así que es complicado falsear los resultados. Pero el entorno tecnológico que haga el recuento potencialmente es más susceptible de poder alterarse porque sólo hay que atacar un sitio, y además debe ser transparente y auditable para comprobar que los datos se tratan correctamente”.

Sondeos electorales en EE UU.

Asimismo, en esta línea, se debe garantizar que tampoco el equipo o dispositivo que utiliza el usuario ha sido atacado o que la transmisión del voto no se altera. “Toda la cadena debe ser segura”, finaliza.

No queremos máquinas

Pero ya no solo es que la mayor parte de la ciudadanía prefiera votar de manera presencial, es que además lo hacen, como decíamos, de su puño y letra, utilizando una papeleta y un lápiz, a pesar de que existen desde hace años máquinas de votar.

Para analizar cuán segura es la tecnología que se utiliza para votar en EE. UU. los presentadores del programa entrevistaron a la profesora de la Universidad de Nueva York Beatrice Atobatele, quien tomó una inusual medida para comprobar la seguridad del voto digital: compró una máquina de votar a través del sitio de ventas online eBay.

Votos anticipados para las elecciones presidenciales en Estados Unidos, procesados en una oficina electoral de Utah.

La máquina que compró Atobatele es una de las más comunes que se utilizan en elecciones estadounidenses, que empezaron a usarlas en 2002 y en estas elecciones estarán disponibles en varios estados. “Normalmente para usar estas máquinas uno debe tener una tarjeta, que yo no tenía. Pero logré hallar un manual en internet y aprendí cómo ingresar directamente al sistema operativo”, relataba Atobatele, que averiguó que a algunas de estas máquinas ya les han realizado parches para resolver las vulnerabilidades que ella descubrió. “Pero no a todas, y ese es el problema”, señalaba.

No obstante, la docente marcó como algo bueno que las máquinas son independientes entre sí y no están conectadas a internet, algo que reduce las posibilidades de manipulación.

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