El gobernador Raúl Jalil habría decidido celebrar las elecciones provinciales en octubre, junto con las Presidenciales, en una escena nacional ganada por un dinamismo que plantea interrogantes sobre la integridad misma de las dos coaliciones mayoritarias.

Los buenos modales y el protagonismo de segundas líneas e intermediarios en la discusión directa son cada vez menos eficaces para disimular la escalada en la agresividad de las objeciones a los liderazgos de Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri, que continúan siendo los más fuertes pero experimentan una ostensible devaluación.

Que sus figuras articulen el debate en el Frente de Todos y Juntos por el Cambio marca su vigor, en la misma medida en que la proliferación de disidencias expresa sus límites.

Es una situación similar a la de 2019.

Macri se vio obligado ese año a impedir que María Eugenia Vidal desdoblara las elecciones provinciales bonaerenses de las nacionales y abriera así una vía para despegarse de la derrota que se produjo.

Cristina inventó la “doble Fernández”, ella vice, Alberto Presidente, y chupó para el Frente de Todos a Sergio Massa, con lo que vació el Consenso Federal que desde hacía un par de años se venía armando con el concurso de numerosos gobernadores y postulaba la fórmula Roberto Lavagna-Juan Manuel Urtubey.

El anuncio de la fórmula fue en mayo. Los mandatarios habían ya desacoplado sus procesos electorales del nacional. Solo Buenos Aires –por orden de Macri-, Santa Cruz, La Rioja, Catamarca y CABA, donde el cada vez más desafiante Horacio Rodríguez Larreta jugaba su reelección, votaron con el calendario de las Presidenciales.

¿Qué formato adoptará el año que viene la fragmentación? La pregunta podría formularse en otros términos: ¿La fragmentación se expresará electoralmente o se producirán nuevos reagrupamientos?

Los gobernadores, Jalil entre ellos, apuestan a la segunda alternativa, con una conformación que es todavía embrionaria.

Por lo pronto, muy esquemáticamente, empieza a ser clara la línea que separa a dos bandos en cada extremo de la polarización: quienes se aferran a las jefaturas de Cristina y Macri enfrentan a quienes pretenden desmarcarse de la dicotomía.

El clima transicional hacia un ordenamiento todavía difuso se sumó en el análisis a los elementos específicamente locales para el compás de espera impuesto a la decisión de que Catamarca vote en marzo y finalmente Jalil se habría inclinado por mantener la unificación de los cronogramas.

El diseño terminó de asumirse en acuerdo con los gobernadores, para dar volumen a la oferta que el oficialismo presente el año que viene a nivel nacional.

Cisma o concilio

El fracaso de la gestión del Frente de Todos es el fracaso de la “doble Fernández” diseñada por Cristina. El impacto político de esta frustración es de tal magnitud, que le permite a Macri mantener consistencia basado solo en que la dupla Fernández-Kirchner resultó, a su criterio, peor que él.

La crisis política del Frente de Todos alcanzó ya su paroxismo. La cúspide del fenómeno quedó manifiesta en las celebraciones del 17 de Octubre. Cada facción hizo la suya, con la evidente intención de arrogarse la representación del peronismo. Otra vez, esquemáticamente: el kirchnerismo, el sindicalismo ortodoxo, las organizaciones sociales.

La división exacerbada deja establecidas con claridad dos vías de acción hacia 2023: el cisma o el concilio.

Reordenamiento

En este marco, la Liga de Gobernadores del Norte Grande, que no hizo acto, emerge como un actor consistente, ordenado y novedoso, en contraste con la caótica evolución de la política del área metropolitana.

El bloque regional aspira a tallar en la mesa de negociaciones con el eje metropolitano con un objetivo de máxima: colocar un candidato a Presidente propio.

Allí juega Jalil, que asistió acompañado por la senadora nacional Lucía Corpacci a las reuniones mantenidas en Buenos Aires con, entre otros, Fernández y Cristina. En esos conciliábulos terminó de cerrarse octubre.

En perspectiva, se trata de un intento por concretar el proyecto que Alberto Fernández desistió de liderar.

La fragmentación exacerbada en el Frente de Todos deja establecidas con claridad dos vías de acción hacia 2023: el cisma o el concilio

Los gobernadores se ofrecieron desde un principio como base para que el Presidente balanceara cargas con Cristina. No para que rompiera, sino para que pudiera imponer un diseño de poder más equilibrado.

Tal fue el origen de la Liga del Norte Grande, que incluso ofreció refugio a Fernández tras el encadenamiento de renuncias que disparó el ministro del Interior Eduardo “Wado” de Pedro luego de la derrota que sufrió el Frente de Todos en las PASO legislativas del año pasado.

Fernández desertó y quedó atrapado en la lógica tóxica de la metrópoli, pero los gobernadores continuaron trabajando en sintonía y se afianzaron y proyectaron como vector de poder.

La Liga de Gobernadores del Norte Grande emerge como un actor consistente, en contraste con la caótica política metropolitana

Viajes colectivos al exterior en los que presentaron los atractivos para la inversión de la región, impulso conjunto al Corredor Bioceánico, presión coordinada para direccionar fondos nacionales hacia sus provincias y procurar el diseño y ejecución de políticas diferenciales.

La rápida y cerrada defensa de las prerrogativas provinciales sobre los recursos minerales ante una avanzada de Cancillería para nacionalizar la administración del litio es el ejemplo más reciente de la solidez del movimiento, que se posiciona con peso específico propio en la interna del Frente de Todos.

Fuente: El Chasqui Digital

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