Un televisor poco eficiente energéticamente puede llegar a consumir 17 veces más electricidad que un frigorífico y convertirse en el dispositivo electrónico con mayor consumo de la casa, según un estudio realizado por el fabricante LG.

Cada vez los usuarios demandan televisores de mayor tamaño y resolución, y un dispositivo de 65 pulgadas con baja calificación energética D puede llegar a gastar entre 1.087 y 2.174 euros en 10 años con un uso de cuatro a ocho horas diarias, mientras que un frigorífico con calificación media consume en ese periodo 381 euros funcionando las 24 horas del día.

El ahorro económico que supone la diferencia en gasto energético durante los 10 años de vida media entre dos televisores similares pero de distinta calificación energética puede ser de más de la mitad o incluso superior a su coste de compra, ha asegurado LG en un comunicado.

De esta manera, la diferencia en coste de energía entre un televisor de 65 pulgadas de calificación energética A+ y otro del mismo tamaño de calificación D puede llegar a 1.496 euros, o un 160% más en la factura.

Las diferencias en gasto energético no solo implican coste adicional para el consumidor, sino que también suponen un importante aumento de emisión de CO2, sobre todo en modelos de alta gama, con gran tamaño y resolución.

Por ejemplo, un televisor de 65 pulgadas 8K con eficiencia energética B emite 1,2 toneladas de CO2 en 10 años (a 4 horas diarias), mientras que uno similar con eficiencia D emite un 100% más, 2,4 toneladas.

Eficiencia en los televisores LG

El fabricante LG ha reivindicado la eficiencia de sus productos y ha recordado que, desde hace siete años, todos los modelos de sus televisores 4K tienen una categorización energética de A+ o A, incluida su gama actual con tecnología Nanocell y OLED, mientras que tiene una calificación de B o superior en sus modelos OLED 8K frente a eficiencias C o D de otros competidores.

Los televisores OLED se diferencian de otras tecnologías, además de por su calidad de imagen en la profundidad de negros, por la iluminación individual de sus píxeles, ya que carecen de retroiluminación LED y pantalla LCD con sus respectivos filtros, lo que reduce así su consumo energético.

Así, por ejemplo, un televisor OLED 8K de 88 pulgadas con una calificación B al compararse con un QLED 8K 2019 de 82 pulgadas (6 pulgadas menor) y calificación D consume 1.518 euros menos a lo largo de diez años.

Lo mismo ocurre al comparar dos televisores de 65 pulgadas, resolución 8K de mismas prestaciones y tecnologías equivalentes QLED (calificación D) y Nanocell (B). El primero supone un gasto en electricidad en 10 años, de 2.174 euros, mientras que el segundo gasta 1.108 euros, es decir, un ahorro de hasta 1.066 euros en la factura de la luz en ese periodo.

La apuesta por la innovación energética en todo su catálogo es uno de los pilares de Smart Green, un movimiento iniciado por LG España cuyo compromiso es combatir el cambio climático favoreciendo la reducción de emisiones de CO2, así como el ahorro de electricidad, agua y energía con el fin de proteger el medioambiente.