‘Si bebes, no conduzcas’, pocos lemas se nos han quedado tan grabados como este de una campaña de la Dirección General de Tráfico (DGT) de 1985. Stevie Wonder cantaba en el asiento trasero de un descapotable y, para finalizar, el artista norteamericano decía la mítica frase en español.

Por mucho que el eslogan haya pasado a la historia, el alcohol y las drogas son los culpables de más del 40% de los fallecimientos al volante, según la DGT. 

My Limit combina lo lúdico con la concienciación

Algunas de estas muertes, quizás, se habrían evitado si un teléfono móvil les hubiera avisado de que iban borrachos. Otras muchas no, porque, probablemente, esos conductores no necesitaban que ningún dispositivo les alertara de lo peligroso de conducir en su estado. Eran absolutamente conscientes de ello y, aun así, arrancaron.

Duras campañas de concienciación, imágenes crudas, apps, todo es bienvenido para atajar la lacra de las muertes en las carreteras. Algo parecido debió pensar Brian Suffoletto, actualmente en el Departamento de Medicina de Emergencia de la Escuela de Medicina de Stanford y antaño en la Escuela de Medicina de la Universidad de Pittsburgh. 

Cuando estaba en este segundo centro académico comenzó, junto con otros investigadores, un proyecto que, en el futuro, haría que los teléfonos puedan saber si estamos borrachos.

El típico ‘trata de andar en línea recta’, pero con tecnología

Cuenta Suffoletto que un amigo suyo falleció en un accidente de tráfico y que, en su experiencia como médico de urgencias, vio muchos casos de personas accidentadas. Esto le llevo a poner en marcha este experimento.

Para realizarlo, reclutaron a 23 adultos de, al menos, 21 años, que consumían alcohol, como mínimo, una vez por semana. En un laboratorio, pidieron a los participantes que anduvieran 10 pasos hacia delante y otros 10 hacia atrás con un teléfono inteligente colocado en la parte baja de la espalda. Los dispositivos móviles midieron la aceleración y los movimientos.

Imagen de archivo de un alcoholímetro.

Posteriormente, bebieron vodka para alcanzar una concentración de 0,2 gramos de alcohol por litro de sangre y repitieron el paseo cada hora durante las siguientes siete, mientras, gracias a los móviles, se seguían analizando los movimientos. Con todos los datos, aseguran, han pergeñado un modelo matemático que puede detectar el nivel de intoxicación etílica con más precisión que los alcoholímetros habituales.

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