Con motivo de la crisis a la que se enfrenta el sector de la traducción, principalmente empujada por un boom de contenidos sin parangón fomentado por el auge de las plataformas de streaming y una precarización de las condiciones en las que se doblan y subtitulan las series y películas, la semana pasada en 20BITS publicamos un reportaje hablando sobre el estado de esta industria y las posibilidades tecnológicas que existen para mejorar la situación, si es que las hay.

Hablamos entonces con la Asociación de Traducción y Adaptación Audiovisual de España (ATRAE), que a posteriori ha querido insistir en que la industria no se enfrenta a una escasez de traductores: “Todo lo contrario, de hecho, hay más demanda de traductores y la oferta universitaria de grado y posgrado de traducción ha aumentado considerablemente en los últimos años”, subraya un portavoz. En lo que se refiere a formación, actualmente 36 universidades españolas ofrecen estudios de Traducción.

Esta afirmación se sustenta en algunos datos, como que solo en ATRAE son más de 500 socios y la Red Vértice, la agrupación de las distintas asociaciones de traductores, estima en 6.000 el número de sus miembros en territorio español.

Asimismo, según el INE, en 2020 había más de 9.000 autónomos inscritos en el epígrafe de Traducción, sin contar las empresas de traducción y los traductores en plantilla que estén contratados como asalariados, frente a los 8.000 autónomos inscritos en el mismo epígrafe en 2019.

“Insistimos una vez más en que la problemática que vemos en la industria audiovisual no obedece a una falta de profesionales. Si algo falta, en todo caso, son las empresas dispuestas a remunerar justamente a los profesionales de la traducción. Por tanto, el problema radica en que dichas empresas se empeñan en reducir costes en detrimento del resto de eslabones de la cadena de producción. Esto último es de lo que llevamos tiempo alertando desde ATRAE y de lo que nos gustaría que los usuarios de las plataformas de streaming sean conscientes para poder exigir calidad a cambio de los servicios que pagan”, destacan desde la asociación.

Aunque la polémica se ha desatado recientemente con el lanzamiento de la popular serie de Netflix ‘El juego del calamar’ y su mala traducción en los subtítulos, que sacó a la luz la influencer bilingüe coreano-estadounidense Youngmi Mayer, el problema viene de largo.

Esta producción audiovisual se tradujo de forma automática por la empresa multinacional Iyuno. El uso y aplicación de esta técnica “al campo de las traducciones creativas, como lo son la audiovisual o la literaria, ha demostrado ser deficiente”, aseguran desde ATRAE. Esta opinión es compartida incluso por profesionales que se dedican al desarrollo de esta tecnología, como por ejemplo la empresa TransPerfect, a la que entrevistamos también en la citada noticia.

Desde la compañía señalaban que la traducción automática se hace más difícil en campos más creativos, ya que se necesita valorar no solo las palabras, sino también el contexto cultural, social y emocional que las rodea, especialmente con los subtítulos. “Traductores y lingüistas hoy en día todavía son necesarios”, especialmente en lo que a contenidos audiovisuales se refiere, comentaban.

“Grandes empresas del sector de la localización como Iyuno llevan tiempo intentando colar esta herramienta como un gran avance tecnológico con el único objetivo de llenarse aún más los bolsillos a costa de precarizar a los autónomos con una reducción de sus ya de por sí vergonzosas tarifas. Cabe apuntar que, precisamente, Iyuno lleva meses en una lista negra por su mala praxis empresarial”, concluyen desde ATRAE.

Esta precarización de la profesión ya se indicaba en el artículo original al que hacemos referencia, señalando que hay empresas e intermediarios que ofrecen unas condiciones que no son viables para un profesional autónomo que pretenda vivir de su trabajo.

Las prisas y las malas condiciones de trabajo no solo repercuten en el sector de la traducción y adaptación audiovisual, sino que, al afectar al producto resultante, perjudica en última instancia al espectador, que no recibe un producto digno del precio que paga por él”, decía Josep Llurba, presidente de la Asociación de Traducción y Adaptación Audiovisual de España.

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