Ayer, la “Martín Fierro” hizo su enésima marcha al centro y cortó la calle República para reclamar porque le quitaron la administración de programas sociales nacionales.

Martin fierro, piquetes calle de Catamarca, Agrupacion Martin Fierro
Martin fierro, piquetes calle de Catamarca, Agrupacion Martin Fierro

La manifestación consiste en el montaje de una muestra con los trabajos realizados por los beneficiarios de los cursos de capacitación que impartía la organización, en su mayor parte artesanías. El Gobierno nacional decidió excluir a las agrupaciones de corte político del circuito de los programas de empleo.

De tal modo, la “Martín Fierro” y otras organizaciones por el estilo dejaron de vincularse con las Gerencias de Empleo para pasar a manejarse con el Ministerio de Desarrollo Social. El caso es que recriminarle al Gobierno de la Provincia por estas disposiciones nacionales carece de sentido, aunque de cualquier manera al Gobierno parece interesarle bien poco que un pequeño grupo de gente interrumpa periódicamente la circulación para exigirle algo que no está en condiciones de resolver.

Esta prescindencia gubernamental acaso se deba a los estrechos vínculos políticos que la “Martín Fierro” mantiene con el oficialismo provinciano, que quedaron expuestos durante el escándalo que involucró al líder de la agrupación, Ricardo Rodríguez, en un intento de trata. Dos muchachas aseguraron que trató de prostituirlas durante un encuentro político y lo denunciaron en la Justicia Federal. Entre las repercusiones se destacó el descubrimiento de que era funcionario del Gobierno, condición de la que continúa beneficiándose. Convencido de que cuenta con amparos invulnerables, se dio el gusto de asistir, en lo más álgido de la polémica, a la asunción del ministro de Desarrollo Social Eduardo Menecier, con quien se fotografió. Tras esta demostración de compañerismo, Menecier fue denunciado también. Por cuerda aparte, Rodríguez admitió que les cobraba a los beneficiarios de los programas que administraba un porcentaje de lo que recibían en una suerte de aporte partidario, confesión que le valió una nueva denuncia de parte de la Gerencia de Empleo. Ninguna de las dos causas registró hasta el momento avances significativos.

 

Las marchas de ahora son acaudilladas por Gabriela Córdoba, pues Rodríguez prefirió, o aceptó la sugerencia, de bajar el perfil. Sigue participando, no obstante, de semiincógnito. Ningún referente del Gobierno ha emitido opinión sobre los avatares judiciales del empleado, ni tampoco sobre las sistemáticas marchas de la “Martín Fierro” que lo tienen como blanco al mismo tiempo que contribuyen al de por si arduo caos del tránsito capitalino. El silencio y la tolerancia oficiales, de todas maneras, eximen de pronunciamientos verbales: son suficientemente explícitos. Rodríguez, su alter ego Gabriela Córdoba y la “Martín Fierro” tienen motivos para sentir que pueden continuar con el ritual de los aprietes sin sufrir consecuencias.