Tres cohetes chinos Long March 5B han caído en la Tierra tras un reingreso a la atmósfera incontrolado desde que China comenzó a usarlos. Uno cayó en la costa occidental de África, otro en el Océano Índico y el último en Borneo (Asia). Hoy caerá la etapa central de un cuarto 5B y todavía no se sabe dónde lo hará, aunque las estimaciones de The Aerospace Corporation apuntaban que España estaba entre las posibles localizaciones de aterrizaje no controlado.

Estos datos no son muy favorables para China, ya que son muchas los expertos que critican los riesgos de muerte para las personas que estén en tierra, mar y aire. Los investigadores de un artículo publicado en la revista científica Nature alertan del problema:

Durante mucho tiempo, estos riesgos se han tratado como insignificantes, pero la cantidad de cuerpos de cohetes abandonados en órbita está creciendo, mientras que los cuerpos de cohetes de lanzamientos anteriores continúan reingresando a la atmósfera debido al arrastre de gas.

Según los científicos del estudio, la reentrada descontrolada de los Long March 5B son innecesarios, ya que contamos con mejoras recientes en tecnología y diseño que podrían evitarlo. Sin embargo, explican que no se toman medida porque «los estados y empresas de lanzamiento son reacios a asumir los mayores costos involucrados».

«Los gobiernos nacionales cuyas poblaciones están en riesgo deben exigir que los principales estados con capacidad espacial actúen juntos para ordenar el reingreso controlado de cohetes, crear consecuencias significativas por el incumplimiento y, por lo tanto, eliminar los riesgos para todos», consideran en el estudio.

¿Por qué los Long March 5B entran de forma incontrolada?

Los investigadores explican que los distintos cohetes tienen diferentes secuencias de lanzamiento. Si la etapa central de los cohetes es orbital, pueden abandonarse en órbita, como ocurre con los Long March 5B, o devolverse a la atmósfera de forma controlada.

Si se abandona en la órbita y esta se encuentra en una zona baja, los expertos detallan que la resistencia de gas se encarga de reducir gradualmente su latitud: «Finalmente, hace que vuelva a entrar en la atmósfera de forma descontrolada, lo que puede ocurrir en cualquier punto de su trayectoria de vuelo».

Esta reentrada incontrolada podría evitarse encendiendo un motor, que permitiese dirigir el objeto espacial a un área remota del océano o zona de recuperación. «Los gobiernos aparentemente han optado por asumir el ligero riesgo de tener que compensar una o más bajas, en lugar de exigir a los proveedores de lanzamiento que realicen costosos cambios tecnológicos o de diseño de la misión», recalcan los investigadores en el estudio.

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