Él es un hombre adulto, de mediana edad, y ella, una niña que hoy tiene 13 años. Si bien no hay un parentesco de sangre, él era un vecino muy amigo de la familia de la niña. Había confianza y él se aprovechó. A principios del año pasado, en al menos tres ocasiones, hizo un mal uso de la confianza que sus vecinos habían puesto en él. Se acercó de una manera que a ella no le gustó, que la incomodó y que atentó contra su integridad sexual. La tercera vez, ella pudo comunicarse por teléfono con su mamá y le pidió ayuda. La mamá llegó en el momento en que su vecino, el que se hacía pasar por un amigo, abusaba de su hija de 12 años.
La mujer lo denunció y el viernes de la semana pasada se sentó en el banquillo de los acusados de la Cámara Penal de Primera Nominación. En la primera audiencia había negado los hechos y aseguró que hubo un consentimiento por parte de la niña. No obstante, con 12 años no pudo haber dado su consentimiento y aunque así lo fuera, no es válido. La madre, al momento de declarar, entró en shock pero fue fuerte. Pudo ratificar la denuncia en contra de su vecino. Informes sobre las pericias realizadas daban cuenta de que el abuso sí había existido.
En la instancia de alegatos, que se realizó el lunes, el fiscal de Cámara, Jorge Silva Molina, acusó por tres hechos: dos por “abuso sexual simple” y un tercero por “abuso sexual con acceso carnal”. El representante del Ministerio Público Fiscal solicitó una pena de 10 años de prisión. En tanto que Claudio Contreras, abogado en representación de la querella y de la acción civil, si bien adhirió al alegato de Silva Molina, lo acusó por el delito de “abuso sexual gravemente ultrajante” y pidió una pena de 12 años, más un resarcimiento económico por $500.000. En tanto que la defensa, ejercida por el abogado Carlos Scaltritti, solicitó la absolución o, en su defecto, la pena mínima por el delito de “abuso sexual simple”.
Los jueces Fernando Esteban, Carlos Roselló y Rodolfo Moreno, con disidencia, lo condenaron a la pena de nueve años de prisión. Además, hicieron lugar, aunque de manera parcial, al pedido de la acción civil. El Tribunal dispuso el pago de $150.000 en concepto de daño moral, psicológico y emergente. Tras escuchar el veredicto, el acusado volvió al Servicio Penitenciario de Miraflores, Capayán, para continuar privado de la libertad, cumpliendo con su condena.
El abuso sexual infantil es una de las formas extremas de violencia que niños, niñas y adoles
centes llegan a sufrir. Si bien el agresor suele ser una persona del círculo íntimo, como un familiar –padre, abuelo, tío o hermano- o allegado a la familia, como un vecino que ‘se hace pasar por tío’.


