Aunque en estos tiempos que corren parece en desuso, hay una premisa que marca un rumbo: los periodistas nunca deben ser la noticia ni los protagonistas de lo que ocurre. Ese chip, en situaciones de conflicto como la que se vive por estos días en Ecuador, además de ser un mandamiento profesional, también les da a los periodistas un grado de inconciencia ante el peligro que les permite presenciar hechos que ni siquiera las imágenes de televisión alcanzan a captar. En el momento del trabajo, aunque el riesgo esté latente, nos moviliza estar allí, donde ocurren los hechos. Esto, en ocasiones, nos expone a vivir situaciones extremas en un abrir y cerrar de ojos, como lo que vivimos junto al equipo de TN, liderado por Nelson Castro, junto a decenas de periodistas locales y de medios internacionales, en el Agora de la Casa de la Cultura, un enorme anfiteatro enclavado en el Parque del Arbolito de Quito. Newsletters Clarín Uno por uno, los Especiales Clarín de la semana | Producciones periodísticas de calidad sobre temas sorprendentes y de amplio interés social. Todos los sábados Recibir newsletter Vale la aclaración para contextualizar: la presencia de los periodistas allí respondía a la convocatoria que había hecho la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) para la cobertura del Congreso Indígena, pero el agregado principal era la versión que daba cuenta de que, luego de que se confirmaran las muertes de dos dirigentes indígenas, habían capturado a un grupo de policías y se aprestaban a aplicar la “Justicia ancestral” en el lugar. Como a lo largo de casi toda la semana, el rumor no estaba amparado en una información oficial. Primero se habló de dos policías, luego seis, más tarde subió a ocho y, finalmente, cuando fueron liberados, la propia ministra de Gobierno de Ecuador, María Paula Romo, confirmó que fueron diez.En el camino al Parque, las preguntas se multiplicaban a los contactos en Ecuador: ¿Qué significa que apliquen la “Justicia ancestral”? ¿Es un linchamiento público? ¿Los van a golpear? Aunque se trataba de manifestantes que a lo largo de las protestas se habían mostrado pacíficos, dentro de un caos generalizado en el que pequeños sectores extremos le hicieron el caldo gordo a la policía que buscaba excusas para reprimir, los interrogantes surgían a cada instante. Hasta que, ya en las afueras del anfiteatro, una indígena dejó una frase que dejó recalculando y, en ridículo, tantas dudas: “Los están bañando, nada más, entren y vean y ayuden a que el mundo sepa que el único que está matando es este Gobierno asesino, porque nadie informa nada”, aseguró, tras pedir que nos identificáramos. Así fue que se generó una suerte de boca en boca: “Prensa extranjera, dejen que pasen”, repetían para abrir paso. Y enseguida, entre algunos aplausos y gritos de apoyo a “la prensa que no es corrupta” (el equivalente a medios hegemónicos que patentó el kirchnerismo en la Argentina), un grupo se puso a disposición para escoltarnos entre miles de manifestantes y posibilitar
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