Gracias a la decodificación de los escritos históricos somos capaces de conocer muchos acontecimientos de nuestro pasado. A pesar de la inmensa cantidad de manuscritos en lenguas antiguas que se han traducido y la constante mejora de las técnicas de conservación y recuperación de viejos archivos, a veces, por muy difícil que sea de interpretar el texto, la verdadera dificultad reside en el lamentable estado en el que se encuentran documentos. 

Cuantas historias habrá por leer, sin conocer ni descifrar aún, porque por la propia fragilidad de la tinta y el soporte al efectuar cualquier mínimo movimiento la información se perderá para siempre 

A veces, es casi preferible quedarse con la incógnita y el desconocimiento antes que arriesgarse a intentar leer esta clase de documentos. Sin embargo el Instituto Tecnológico de Massachusetts -MIT- ha conseguido solucionar este problema desde su raíz, evitando cualquier tipo de contacto con el manuscrito. 

El sistema buscaba encontrar alguna manera de poder leer los documentos sin la necesidad de manipularlos o abrirlos físicamente, ¿la solución?, reproducir esta información sin que el soporte sufriera daño, permitiendo así su fácil lectura y estudio posterior.

Un método automático para leer cartas sin tener que abrirlas

Dos ejemplos de imagenes de los pliegues de las cartas en Rayos X
Dos ejemplos de imágenes de los pliegues de las cartas en Rayos X
Nature

Según el estudio publicado en Nature, este método computacional escompletamente automático y capaz de desplegar virtualmente cartas obtenidas mediante el escaneo volumétrico sin ningún tipo de información previa sobre la manera en la que está doblado el documento (sin determinar el número de capas, tipos de pliegues…). 

La tubería de despliegue virtual funciona gracias a la tomografía computarizada de alta resolución, y su proceso es el siguiente: 

1. Se realiza una reconstrucción en 3D de la carta doblada. Para ello se emplean imágenes con rayos X para saber cuantas capas hay.

2. Se hace una reconstrucción a 2D correspondiente que representaría su estado plano. En este estado, se detectan los trazos y los diferentes caracteres que configuran las letras de la carta. Se tiene que interpretar la posición de estos y entender que algunos están superpuestos, doblados sobre sí mismos y girados. El algoritmo transforma el documento en una hoja de procesador de textos, por así decirlo. 

¿Qué se puede hacer con este método?

Los investigadores decidieron  experimentar con algunos de los manuscritos más misteriosos de la historia de la humanidad: la colección Brienne. Este conjunto de 600 cartas enviadas en el siglo XVII que jamás fueron leídas por sus destinatarios (porque no las pagaban) y que se quedaron guardadas en un baúl de la oficina de correos. 

Sin duda alguna, los emisores de todas aquellas cartas jamás se hubieran imaginado que sus pensamientos fueran a ser leídos por primera vez 300 años más tarde y que encima sería mediante un método en el que no necesitas abrir la carta siquiera para ver su contenido, vaya locura el siglo XXI. 

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