
CHARLA POR LA MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA EN EL MUSEO HISTÓRICO
En la tarde del jueves 27 el patio del Museo Histórico de Catamarca fue el escenario de una actividad por el mes de la Memoria denominada “El Buen Pastor: memorias cercanas”, a 49 años del golpe cívico militar, organizada por la Secretaría de Gestión Cultural junto a la diputada Adriana Díaz, donde un panel integrado por Cristina Ibáñez y Lila Macedo, dos mujeres sobrevivientes a un infierno de injusticias, que expusieron en carne viva sus experiencias como ex presas políticas en el Correccional de Mujeres Virgen del Valle, conocido como El Buen Pastor.
El evento contó con un gran marco de público, destacando la participación de jóvenes. Gabriela Granizo, de la Dirección provincial de Patrimonio y Museos, inició la charla agradeciendo a las autoridades presentes y la colaboración del Ministerio de Cultura, Turismo y Deporte.
Para adentrarse en la historia el licenciado Exequiel Sosa fue el encargado de abrir el panel contextualizando la escena mediante soporte audiovisual de época con documentos y fotografías, además del videoclip musical “Catamarca no fue una isla”, interpretada por la cantautora Maria Paula Godoy, dedicada a la masacre de Capilla del Rosario, induciendo así a los presentes a las oscuras épocas del terrorismo de Estado.
Por su parte la diputada provincial Adriana Díaz destacó a los organismos presentes, a la Casa de la Memoria de Catamarca y rememoró la placa instalada desde el 11 de noviembre de 2024 en la puerta del Buen Pastor que recuerda que en ese sitio se cometieron delitos de lesa humanidad.
Lila Macedo, primera presa política de la provincia, desmembró su vivencia en carne propia y dejó en claro su compromiso con una lucha que, para ella, no terminará nunca.
“La generación diezmada” llama Lila a su generación y asegura que Catamarca no fue una isla, que no estuvo exenta de nada, y que aquí también existía la Triple A.
Detenida por decreto en virtud del estado de sitio el 11 de noviembre del 74 en su lugar de trabajo fue la primera presa política del Buen Pastor: “Abrí la puerta del Buen Pastor porque fui la primera, después llegaron Cristina y María del Carmen Castillo “Mami”, para hacernos compañía», recordó.
En su relato contó que estaba muy deteriorada de salud llegando a pesar 40 kilos con 17 años, víctima de un asedio desgastante, que estaba psicológicamente destruida, que eran obligadas a trabajos forzados al extremo por parte de sus carcelarias, a las que recuerda cómo “ni tan monjas, ni tan buenas, ni tan santas”.
Colapsada por su estado crítico de salud, internada de urgencia los médicos logran estabilizarla por medio de un shock insulínico, “No dormía, no hablaba, no comía, solo tomaba café y fumaba, Cristina era mi sombra”, recuerda Macedo.
Lila llamó a la reflexión por los difíciles tiempos actuales y agregó: “La política no es mala, es buena y necesaria”. Pidió también que la juventud tome la posta y siga luchando: “Estoy acá por ustedes, por los jóvenes. A la democracia hay que defenderla con uñas y dientes, pero son otros los métodos de la democracia”, así culminó su charla dejando su mensaje, con el testimonio de un pequeño capítulo de su historia.
Por su parte Cristina Ibáñez vivió una historia similar a la de Lila, detenidas casi al mismo tiempo, comenta que desde pequeña vivió el compromiso de su familia con los más necesitados. “Estábamos todos involucrados y nos manifestábamos para que la Universidad sea pública, ahí fue la primera vez que me detienen, en ese momento entramos en la lista de futuros terroristas”, recuerda Ibáñez.
El 7 de diciembre la buscan en su lugar de trabajo en el hospital, y es llevada por la policía para ser interrogada, recuerda a las personas que le tomaron declaración que hasta era algún que otro conocido, que le pedía disculpa por los malos tratos recordando que había sido criado por su abuela y renegando de estar apuntándole con un arma, también la interroga el esposo de una paciente que le pide disculpas, “que va a escribir lo menos que pueda”, relata.
No fue solo contra ella la persecución sino también hacia su familia: “Fui testigo como a mi padre le rompían la cabeza con mentiras sobre mí”, así recuerda Cristina como no fue sólo sobre ella el fino y oscuro trabajo de tortura psicológica en el Buen Pastor. “La gente esquivaba a mi familia para no comprometerse, me señalaban como la guerrillera”, comenta.
Luego Ibáñez cerró su testimonio recordando que: “Catamarca sigue sin ser una isla, hay que atender y hay que aprender, porque puede volver a suceder y también se puede volver a resistir”, y aseguró: “La tortura no puede existir en una sociedad sana, es inadmisible desde ningún punto de vista”.
Por último afirmó emocionada: “Me siento feliz de lo que hice, ojalá pudiera haber ayudado más, el costo fue alto pero aprendí muchísimo, aprendí en la cárcel, somos más de 300 que aún estamos vivas, no hay que bajar los brazos todo se puede cambiar merecemos una sociedad justa y equitativa. Si tuviera que volver a vivir haría lo mismo y un poco más total ya se cómo es”.
La jornada cerró con la entrega de diplomas para los integrantes del panel y en los jardines del museo el ballet de la profesora Rita Soria bailó para los presentes dando el cierre a una emotiva tarde llena de historia, que no debería volver a repetirse Nunca Más.