En el séptimo día de la novena

“Valoremos este ministerio catequístico que, a lo largo de la historia, ha permitido que Jesús sea conocido de generación en generación”, dijo el Obispo.

Un emotivo homenaje le ofreció a la Virgen la Junta Diocesana de Catequesis, catequistas y especialmente niños y niñas que este año recibieron su Primera Comunión en las distintas comunidades parroquiales, acompañados por sus familias. También en esta jornada, dos niños de la provincia de Córdoba recibieron por primera vez a Jesús Sacramentado a los pies de la Madre Morena.
Este tributo se llevó a cabo en la noche del martes 5 de diciembre, durante la Santa Misa presidida por el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, y concelebrada por el padre Marcelo Amaya, Director de la Junta Diocesana de Catequesis, y el padre Ramón Carabajal, capellán del Santuario mariano.
En el inicio de su homilía Mons. Urbanč saludó a los alumbrantes de esta Misa y rogó “que la Madre de los catequistas los prodigue de gracias para seguir con este valioso apostolado”; después expresó: “Antes que nada, los invito a que demos gracias a Dios por este enorme regalo que significa que haya catequistas por todos lados”.
Entonces reflexionó: “Cuando tú dices creo, estás diciendo creemos y cuando reconoces que crees en Jesús, siempre hay una prehistoria de amor, y hubo personas que, con sus gestos y sus palabras, te hicieron enamorarte de Dios (…) si nosotros creemos es porque otros nos lo anunciaron. Por eso, valoremos este ministerio catequístico que, a lo largo de la historia, ha permitido que Jesús sea conocido de generación en generación”.
“A ustedes, queridos catequistas, les repito las palabras de Jesús que acabamos de escuchar: «¡Bienaventurados los ojos que ven lo que ustedes ven! Porque es digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; y oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron»”, manifestó.
A continuación exhortó: “Por favor, siempre pidamos a Dios y a la Virgen para que todos los catequistas procuren tener un profundo encuentro con Jesús que los motive a encontrarse con los demás. Porque si el catequista no tiene un verdadero encuentro con Jesús, su catequesis es puro cuento. Ya que es bastante frecuente que el catequista quiere anunciar a Jesús, pero olvida estar con Él (…) De la calidad y profundidad del encuentro con Jesús, será también la calidad de lo que vamos a transmitir (…) El catequista no es un vendedor, ni proselitista, ni propagandista. El Señor lo ha seducido, se le metió en el corazón, lo ha enamorado; y, porque está enamorado, no puede dejar de hablar con Él y de Él (…) A Jesús tenemos que anunciarlo y compartirlo con alegría. Porque si anunciamos a Alguien que resucitó y que nos transformó la vida, se supone que eso nos llena de gozo”. Y aquí se impone algo muy importante en la vida de todo cristiano, más aún del catequista: leer, estudiar y meditar asiduamente la Palabra de Dios, para que esa Palabra resuene y marque las consignas para vivir el día de una manera distinta”.
Más adelante les dijo: “Queridos catequistas, cuiden y destaquen el Domingo, como Día del Señor para ustedes y así contagiarán a otros el deseo de estar con Él. De manera que, cada Domingo sea un día de fiesta porque Jesús es El Señor”.
Pasando luego a la meditación de la Palabra de Dios proclamada, señaló que “el Adviento es tiempo de espera y de esperanza. Tiempo de recordar y celebrar el acontecimiento más trascendental de la historia: el nacimiento del Hijo de Dios, que vino a salvarnos”. Así, pidió: “Apoyados en la fe y fortalecidos por la esperanza, pidámosle a Dios que vivamos este Adviento en clave sinodal y que nos conceda una mirada limpia y serena, para clavar nuestra pupila en quién es el único que merece ser visto y contemplado: Jesucristo”.
Y cerró su prédica con este ruego: “Querida Madre del Valle, tú y José han sido los catequistas de Jesús en el humilde hogar de Nazaret. Ustedes con el ejemplo y las oportunas palabras lo fueron introduciendo en los misterios de la fe judía. Con la asistencia de cada sábado a la sinagoga han logrado que adorara y obedeciera a Dios, a quien lo reconoció como Padre y luego lo anunció como Padre de todos los hombres. Allí aprendió a escrutar las Escrituras y a descubrir su misión. Allí celebraba con toda la comunidad las gestas salvíficas de Dios en favor del pueblo de Israel. Con sus padres aprendió a peregrinar cada año a Jerusalén para celebrar la Pascua, reconociendo el templo como la casa de su Padre celestial… Por eso, te pido que cada catequista, más si es padre o madre, aprenda de ustedes en la trasmisión de la fe a sus hijos y catequizandos, con el ejemplo coherente de vida y con sabias enseñanzas extraídas de las Sagradas Escrituras, la viva Tradición y el Magisterio auténtico de la Iglesia”.
En el momento del ofertorio, niños y catequistas acercaron al altar dones particulares y el pan y el vino.

Consagración y canto a María
Antes de la bendición final, todos los niños presentes se consagraron a la Virgen María ante su sagrada imagen.
Y como corolario de este homenaje, Jeremías, uno de los niños que este año reció su Primera Comunión, entonó con su dulce voz el canto “Virgen Morenita”, cuya interpretación cerró con vivas y aplausos a la Reina del Valle por parte de la asamblea que reunió a muchos hermanos peregrinos.

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