Desde la plaza de Choya hasta el Santuario de la Gruta

Cientos de fieles peregrinan junto a Jesús Crucificado

Que María “nos ayude a acercarnos al Señor de la Vida, al Señor de la Historia, al Señor que camina con su pueblo” y “el Beato Mamerto Esquiú, quien nos ha ido acompañando en la meditación en este Vía Crucis, interceda para que seamos fieles discípulos misioneros de Jesucristo”, dijo el Obispo.

En una jornada inestable climáticamente, entre el calor, el viento y hacia el final una leve llovizna, durante la tarde del sábado 29 de marzo, vísperas del Domingo de Ramos, se llevó a cabo la Peregrinación del Pueblo de Dios, que marcó el comienzo de la Semana Santa. En esta ocasión, bajo el lema “Con el Beato Esquiú, caminemos hacia la Pascua”, en sintonía con el Año Jubilar por el Bicentenario del Nacimiento del fraile franciscano catamarqueño que camina hacia su canonización.
Este tradicional acto penitencial se inició en la plaza de Choya, donde se dieron cita cientos fieles y sacerdotes de las comunidades parroquiales del Decanato Capital junto al obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, quien invitó a los peregrinos a caminar hacia el lugar donde fue hallada la sagrada imagen de la Virgen del Valle, pidiendo de manera especial por la paz en el mundo.
Durante el trayecto se rezaron las estaciones del Vía Crucis meditando la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, como también las enseñanzas y vivencias del Beato Esquiú en torno a este misterio de fe y su ejemplo de santidad, matizadas con oraciones y cantos penitenciales que animaron la marcha.
A medida que la columna se desplazaba por avenida Virgen del Valle Norte, el Obispo y los sacerdotes atendieron a los hermanos que se acercaron a recibir el Sacramento de la Reconciliación o Confesión.
Como gesto solidario, se recolectaron alimentos no perecederos para los hermanos más necesitados, que fueron colocados en los puestos solidarios de Cáritas.
Al llegar a la explanada de la Gruta, se realizó la ceremonia de bendición de los ramos de olivos presidida por el Obispo, quien luego, emulando la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, se desplazó procesionalmente hasta el altar donde continuó la Santa Misa, concelebrada por sacerdotes de Capital, mientras otros seguían administrando las confesiones.
En su homilía, Mons. Urbanč dijo que en esta jornada “vamos a meditar, contemplar, orar, ese misterio de amor de Dios con la humanidad, que se concreta en la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Es la muestra más grande de amor porque Jesucristo vino a darnos vida, la vida verdadera, que es Él; no nos está dando algo, se nos está dando Él mismo. Esto es lo que nos tiene que penetrar en lo profundo de nuestro ser, lo que nos tiene que transformar la vida, nuestro modo de vivir, porque Cristo Vida entró dentro de nosotros, dándonos su vida. Por eso ha valido la pena peregrinar, meditar el ministerio de la Pasión de Jesús”.
En este sentido, apuntó que “este mundo está sediento de la verdadera Vida, porque es un mundo donde reina con tanta crudeza la muerte, no sólo la muerte física sino la muerte del corazón del hombre, que está lleno de odio, mezquindad, egoísmo, violencia”.
Por ello exhortó a que “llevémonos este día como un mensaje, como un propósito de cambio, que vamos a vivir en la vida de Jesús, vivir con Él, para Él, y servir a los demás, como Él se ha puesto al servicio de toda la humanidad”.
Luego expresó su deseo de “que a lo largo de este Año del Bicentenario del Nacimiento del Beato Mamerto Esquiú profundicemos sobre este don de la vida, sobre todo la vida que hemos recibido en el bautismo, que es la vida de Jesús”, para lo cual “nos ha regalado la fe. Entonces, trabajemos sobre este punto inicial de la vida espiritual de cada uno por medio del santo bautismo, que es asociarlos a la vida de Cristo, que tenemos que cuidar”.
Animó a “que esta vida divina que nos ha sido infundida, la vivamos en nuestros hogares, en nuestros vecindarios, en nuestras comunidades, que la hagamos, patente, la cuidemos, iluminados por la Palabra de Dios, para que seamos sus testigos. El mundo está clamando por estos testigos de la verdadera vida, que es una vida de amor, de servicio, que solamente alcanza plenitud si estamos dispuestos a perdonar siempre… como Jesús, quien antes de morir en la cruz, mirando a sus verdugos, dirá: ‘Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen’. A este Jesús es al que vamos a contemplar y acompañar en estos días”.
Asimismo, señaló que “como estamos en este lugar donde María Santísima comenzó a caminar con este pueblo”, a quien “la veneramos bajo el nombre de la Virgen del Valle, que Ella nos ayude a acercarnos al Señor de la Vida, al Señor de la Historia, al Señor que camina con su pueblo. María es la garante de esta vida divina en medio de nosotros, y se ocupa día a día para que cada uno de nosotros, sus hijos, podamos vivir y ser testigos de esa Vida, en este mundo que nos toca vivir”.
Finalmente rogó “que el Beato Mamerto Esquiú, que nos ha ido ayudando y acompañando en la meditación en este Vía Crucis, con su intercesión y con su ejemplo, nos ayude a ser fieles discípulos misioneros de Jesucristo a quien sea la gloria por los siglos de los siglos”.
Luego de la Comunión, el Obispo impartió la bendición final, en el cierre de esta manifestación pública de fe, con la cual iniciamos esta Semana Santa que nos prepara para celebrar la Pascua de Resurrección.

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