
Las fuerzas de seguridad turcas detuvieron a Islam Yakut, un histórico líder narco prófugo desde 2017. La organización que lideraba ingresaba toneladas de droga desde Irán y Afganistán y utilizaba plataformas de comunicación encriptadas.
Las fuerzas de seguridad de Turquía detuvieron en Estambul a Islam Yakut, señalado como el cabecilla de una de las organizaciones de tráfico de heroína más activas del continente. El sospechoso, que se encontraba prófugo desde 2017 tras escapar de una prisión turca, coordinaba el envío de toneladas de estupefacientes desde Irán y Afganistán hacia los principales mercados europeos.
El operativo de captura se concretó tras una investigación que involucró a la Fiscalía General de Estambul, la Policía local, la Organización Nacional de Inteligencia (MIT) y las unidades antidrogas de la Dirección General de Seguridad. El ministro de Justicia turco, Akın Gürlek, confirmó la detención y marcó la prioridad de la gestión: “Nuestro objetivo son los capos de la droga”. Según detalló el funcionario, Yakut dirigió la estructura criminal “desde escondites ubicados dentro y fuera de Turquía” durante casi una década de clandestinidad.
Los investigadores judiciales vincularon la actividad de la banda no solo con el ingreso de heroína a Europa, sino también con el traslado de drogas sintéticas en sentido inverso, desde el territorio europeo hacia Turquía. Las autoridades informaron que los procedimientos contra esta red permitieron la incautación de dos toneladas de sustancias ilícitas en diferentes operativos internacionales.
La fuga universitaria y el uso de tecnología cifrada
Para coordinar los movimientos de la organización sin ser detectado, el sospechoso utilizaba sistemas de mensajería altamente complejos. Los voceros policiales indicaron que Yakut transmitía las directivas a sus colaboradores a través de ANOM y SKY ECC, dos plataformas de comunicación cifrada que son objeto de múltiples investigaciones por parte de las agencias de seguridad en todo el mundo.
La historia criminal de Yakut, de 60 años, sumó un capítulo particular en 2017 cuando logró eludir los controles del sistema penitenciario. El imputado cumplía una condena de 17 años y seis meses de prisión tras ser detenido en 2009. Luego de pasar seis años en el penal de máxima seguridad de Silivri, obtuvo el traslado a un régimen semiabierto que le permitía estudiar la carrera de Administración Pública en una universidad privada.
A pesar de que asistía a cursar bajo custodia de la gendarmería, la flexibilización de sus condiciones de detención facilitó la evasión. En junio de 2017, tras recibir un permiso especial de salida, el recluso no regresó a la unidad carcelaria y la justicia lo declaró prófugo, condición que mantuvo hasta su captura en las últimas horas.



