Cada vez con mayor frecuencia nos llegan noticias de Gobiernos que bloquean Internet a sus ciudadanos. Estos cierres, sin embargo, no solo afectan al propio país y a quienes allí viven, ya que representan una amenaza para los derechos humanos, también le están costando a la economía mundial miles de millones de dólares al año, según un nuevo informe de la organización sin ánimo de lucro Access Now y Jigsaw, una unidad de Alphabet, matriz de Google.

Dicho informe documentaba un total de 50 cortes de Internet en 21 países durante los primeros cinco meses de 2021. Algunos más sonados y prolongados y otros más breves. El caso es que los apagones de Internet por parte de los gobiernos que alguna vez fueron raros, hoy en día se han convertido en una ocurrencia casi diaria en algún lugar del mundo. Ese mismo estudio afirma que en los últimos diez años se han registrado cerca de 850 cierres intencionales, de los cuales 768 han tenido lugar en los últimos cinco años.

Hubo 213 cierres solo en 2019, y esta cifra se redujo a 155 en 2020, pero debido a la crisis sanitaria mundial y a la adaptación que el mundo tuvo que vivir.

En concreto, según la investigación, los cortes severos y prolongados en Myanmar -el cierre de Internet más largo de la historia liderado por el gobierno como parte del reciente golpe- han resultado en una pérdida económica de 2.100 millones de dólares, lo equivalente al 2,5% del PIB del país. El informe de The Current señala que esto “infligió al país aproximadamente la mitad del daño causado por la Gran Recesión en la economía de Estados Unidos en menos de un tercio del tiempo”.

En Nigeria, los funcionarios anunciaron en junio que el gobierno bloquearía el acceso a Twitter indefinidamente después de que la plataforma congeló la cuenta del presidente Muhammadu Buhari por violar su política de comportamiento abusivo. 

En julio, Irán implementó cierres regionales cuando estallaron protestas por lo que las autoridades describieron como severas sequías en la provincia de Juzestán. 

También se sospechaba que el gobierno de Cuba cortó el acceso a Internet durante las protestas antigubernamentales de este verano. 

Más recientemente, los talibanes cerraron Internet en el valle de Panjshir en Afganistán, supuestamente para impedir que los afganos leyeran las publicaciones en Twitter del exvicepresidente Amrullah Saleh.

De estas, por ejemplo, la prohibición de Twitter de Nigeria por sí sola afecta a más de 100 millones de usuarios de redes sociales y le ha costado al país cientos de millones de dólares y sigue aumentando.

Una táctica que no para de crecer

“Desde que comenzamos a rastrear los cierres de Internet iniciados por los gobiernos, su uso ha proliferado a un ritmo realmente alarmante”, destaca Felicia Anthonio, activista y líder de #KeepItOn de Access Now, en un nuevo informe sobre el tema en The Current, una publicación online de Jigsaw. “A medida que los gobiernos de todo el mundo aprenden esta táctica autoritaria unos de otros, ha pasado de los márgenes a convertirse en un método común que muchas autoridades utilizan para reprimir la oposición, sofocar la libertad de expresión y silenciar la voz”, añade.

El primer cierre significativo de Internet tuvo lugar en Egipto en 2011, como respuesta a las protestas contra el entonces presidente Hosni Mubarak. Como resultado, se estima que el 93% de las redes egipcias fueron bloqueadas durante cinco días. Los cortes y ralentizaciones de Internet anteriores se llevaron a cabo en Guinea en 2007 y en Irán en 2009, pero el de Egipto fue el primero en afectar las conexiones a Internet en todo un país donde más de una cuarta parte de los ciudadanos tenían acceso.

Desde entonces, los cierres se han extendido por todo el mundo, principalmente en Asia y África. Se despliegan con mayor frecuencia durante elecciones o momentos de protesta, y los gobiernos afirman que los cierres son necesarios para detener la propagación de información errónea. Sin embargo, en realidad, como señala el informe de The Current, la intención es “evitar que los candidatos de la oposición se conecten con los votantes para generar apoyo, restringir la capacidad de los ciudadanos para organizarse y socavar los esfuerzos de los observadores electorales para garantizar la integridad de votar”.

No obstante, lo cierres totales son solo una pequeña parte de la foto. Los apagones de Internet a menudo adoptan otras formas, incluido el bloqueo de redes sociales o sitios específicos utilizando una variedad de medios, algunos de los cuales inicialmente se asemejan a problemas técnicos en lugar de acciones estatales deliberadas.

También varían los ‘métodos de ataque’ que incluyen la restricción de la velocidad de Internet, los ataques de denegación de servicio, el bloqueo de direcciones IP específicas o el corte del acceso a datos móviles, de manera que, como decimos, no siempre es obvio que se está produciendo un bloqueo.

Asimismo, el informe también indica que si bien los cierres generales son a menudo la herramienta elegida por los dictadores y los que llevan a cabo golpes de Estado, las potencias globales también están llevando a cabo ataques cibernéticos dirigidos contra otros países.

Un problema difícil de combatir

Los cierres de Internet han sido condenados por varias organizaciones internacionales, incluido el G7 y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y Relatores Especiales, pero, como muestran los datos de Access Now, esto no parece haber afectado su uso. También ha habido algunas victorias legislativas, como cuando el Tribunal Comunitario de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental dictaminó que un cierre de Internet en 2017 en Togo era ilegal.

A pesar de ello, parece poco probable que acciones como estas puedan disuadir a los gobiernos que llevan a cabo estos bloqueos y que los sientes ‘necesarios’ para mantener el poder.

Ante esta situación los ciudadanos han sabido buscar otro camino y usar la tecnología para sortear las imposiciones de sus gobiernos: las VPN y los servidores proxy permiten a los usuarios enrutar el tráfico de Internet a través de otro país para evitar ciertos bloqueos, mientras que las aplicaciones de red en malla pueden conectarse directamente de un dispositivo a otro, proporcionando una funcionalidad básica de mensajería -aunque sin acceso a Internet en general-.

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