La Sevilla de ‘La peste: La mano de la Garduña’ es marcadamente más luminosa de lo que lo fue durante la primera entrega de la serie, pero su luz emborronada y manchada desvela que aún sigue llena de ponzoña. Y en esta ocasión, aunque la enfermedad no asola al pueblo, la prosperidad oculta el verdadero mal que aqueja la ciudad: el crimen organizado y sus conexiones con el poder.

La serie creada por Rafael Cobos y Alberto Rodríguez regresa en una segunda temporada que decide alejarse de la luz de las velas para matar dos pájaros de un tiro: primero, acallar las polémicas sobre la dificultad de visionado de la serie por la oscuridad reinante, y segundo, facilitar un trabajo de producción que ya era exigente con la recreación del siglo XVI. Una decisión quizá conservadora que da paso a un solvente thriller de época en el que sigue destacando la construcción atmosférica de la ciudad y las reflexiones sobre las jerarquías y el statu quo.

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Y es que tras ver los primeros cuatro capítulos de ‘La mano de la Garduña’, podemos constatar que la ficción de Movistar+ continúa jugando con los mismos ingredientes de su primera temporada, alejándose de su brillante construcción lumínica, pero sin abandonar al completo esta apuesta estética. Estos nuevos capítulos no están centrados en el tenebrismo y la podredumbre sino en reflejar, a través de luces azuladas, la corrupción y el crimen soterradas en esta aparente prosperidad.

Un crimen que se explicita a través de una supuesta sociedad secreta que, de hecho, estuvo activa en España desde el siglo XV hasta el XIX. La Garduña, un hampa del siglo XVI, es el foco de la intriga de esta nueva temporada, que recuerda rabiosamente al cine de gangsters en sus arcos argumentales y en la seminal ‘The Wire’ en sus estudios sobre las relaciones de poder y la corrupción en distintos estratos e instituciones.

Adiós a la oscuridad: Sevilla, iluminada pero tenebrosa

La Peste 2

La Peste 2

Quizá uno de los mayores aciertos de la primera temporada de ‘La peste’ fue el abuso de sus exteriores nocturnos y su constante juego de claroscuros en su tenue iluminación. Más allá de las ramplonas críticas a “lo mal que se veía” -una polémica similar a la que hubo con ‘La larga noche’ de ‘Juego de Tronos’ en una temporada no exenta de las mismas-, esta apuesta formal reforzaba el mensaje de una serie que contenía en la oscuridad todas las claves de su trama.

La Sevilla del XVI era oscura porque estaba siendo asolada por la peste, pero también lo era por lo tenebroso de los negocios que allí se llevaban a cabo, por las propias historias de sus torturados protagonistas o los crudos retratos caravagianos de una pobreza descarnada. Una máxima representada por una oscuridad que elimina toda jerarquía, con marcados ecos del tópico literario medieval: Omnia mors aequat, esto es, la muerte iguala a todos.

"La Peste empezó como un thriller y creció hasta convertirse en un fresco del siglo XVI". Alberto Rodríguez, director

Conforme se desarrollaba la primera temporada, el avance de la luz, la despedida de la oscuridad en paralelo a la desaparición de la peste, adelantaba un posible futuro tras la tragedia. La Sevilla tenebrosa daba paso a una ciudad iluminada pero, eso sí, nebulosa, con una luz sucia y fría que adelantaba el mantra de esta nueva entrega: aunque las tinieblas no reinen, la sombra solo necesita de la luz para resurgir.

En ‘La peste: La mano de Garduña’, las decisiones estéticas dejan en un segundo plano la brillante y arriesgada iluminación de su primera temporada, que ayudaba a construir una ciudad pútrida y tenebrosa a pesar de su pretendida prosperidad. Y aunque sí se mantienen estos tonos azulados en exteriores para la creación de la atmósfera translúcida de la propia ciudad, el peso recae en el descubrimiento de un entramado criminal que bien podría recordar a un thriller policiaco como ‘Top of the Lake’, con evidentes salvedades espacio-temporales.

El juego del gato y el ratón

La Peste 1

La Peste 1

La distancia de género, ya remarcada a través del personaje de Teresa durante la primera entrega, es uno de los puntos fuertes de ‘La mano de la Garduña’, con especial atención a la prostitución, un fenómeno más que habitual durante la Sevilla del siglo XVI.

Una brecha doble si tenemos también en cuenta las condiciones de clase, que convierte a estas mujeres en objetos, en meras víctimas que no tienen posibilidad alguna contra los poderes fácticos, sean oficiales o subterráneos.

La eliminación del misterio esotérico de la primera entrega da paso a una historia que, en esta ocasión, mantiene el suspense a través de un juego de persecución entre el Cabildo de la ciudad, con el papel clave del asistente Pontecorvo, y el hampa sevillano. Y aunque ambas son representaciones de un poder que infunde respeto, uno lo hace desde el pedestal de quien ostenta el privilegio, mientras que el otro lo hace desde el miedo que provoca la barbarie.

La Garduña, presentada como una terrible y sanguinaria mafia, pone de relieve el conflicto de poderes en la Sevilla de la época, y aprovecha esta dicotomía llena de matices para construir su esqueleto narrativo en torno a la acción-reacción. Una decisión que convierte esta segunda temporada en una entretenida historia de época, pero que también resta enjundia al atrevimiento del que su primera entrega sí podía presumir.

Más allá de ‘La peste’: la estrategia transmedial de ‘La mano de la Garduña’

La Peste 3

La Peste 3

Más allá de la propia ficción, uno de los grandes aciertos de esta nueva temporada ha sido la expansión del propio universo de ‘La peste’. La creación de estrategias transmediales que hagan partícipe al espectador, invadiendo la propia realidad y provocando que el seguidor sea un agente más de la propia ficción, es un fenómeno con poca fama en las series españolas, con la notable excepción de ‘El ministerio del tiempo’, y que también fue una de las apuestas de la primera entrega de la serie de Movistar+.

Sin embargo, la ampliación del universo ficcional durante la temporada inicial apostó por la creación de contenidos complementarios que contextualizaran y explicaran diversos aspectos del proyecto. Es el caso de la webserie ‘La mancebía’, protagonizada por la actriz Cecilia Gómez simulando una suerte de canal de YouTube, o la creación de una wiki colaborativa sobre el mundo de ‘La peste’, que, si bien expandían la serie más allá de sus propios capítulos, no hacían al espectador partícipe directo.

Una lección aprendida por la agencia El Cañonazo -la encargada de la estrategia transmedial de la serie-, que ha tenido, hasta el momento, dos grandes aciertos con esta segunda temporada. El primero, la creación de un juego de realidad alternativa en el que los espectadores tienen que interactuar en diversas plataformas y páginas web -Twitter, Instagram o Wallapop, entre otras- para descubrir más sobre el universo de La Garduña.

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Algo que, además de ayudar al espectador-usuario a ampliar sus conocimientos sobre el contexto de la época y la propia localización, también fomenta la rumorología en torno a la propia mafia, cuya existencia real aún sigue siendo discutida. Así se conforma una estrategia con propósito doble: afirmar con descaro una realidad documentada en el pasado pero puesta en cuestión al mismo tiempo que la introduce en la propia realidad.

El segundo gran acierto, y quizá el más destacado, viene con una brillante campaña en la que la portada de El País se ha teñido de ‘La peste’ durante la jornada de reflexión previa a las elecciones del 10 de noviembre. La sugerente línea que invadía la primera plana rezaba: “Mientras reflexionábamos, el poder estaba en otro sitio”.

Esta simple línea condensa una inteligente campaña publicitaria -pues aquí lo transmedial es una herramienta más para la difusión del universo de la serie, no uno de los elementos que forman parte de su construcción- que hace alusión a la evidente similitud entre el mundo ficcionado y el real. Una efectiva apuesta que sitúa a ‘La peste’ en las coordenadas de la propia realidad, continuando también la senda marcada por los trabajos anteriores de Cobos y Rodríguez: el estudio de la corrupción y las relaciones de poder.

Movistar estrena hoy la segunda temporada de ‘La peste’ en el Festival de cine europeo de Sevilla. A partir del 15 de noviembre estará disponible en la plataforma para todos sus abonados.