El testeo en animales de productos cosméticos sigue siendo un método de experimentación para probar su efectividad. A pesar de que la legislación europea prohíba esta práctica en los países de la Unión Europea desde 2013, existen algunas excepciones.

Estas están recogidas por el Registro, evaluación, autorización y restricción de sustancias químicas (REACH). Además, algunos países de fuera del continente, aún siguen aceptando la experimentación en animales. Este es un tema que preocupa a bastantes consumidores y, por ello, cada vez existen más alternativas tecnológicas para evitar dicho testeo.

Piel artificial impresa en 3D

La impresión en 3D de piel humana artificial es una tecnología que puede sustituir a algunos de los ensayos clínicos en los que se utilizan animales, tanto para probar medicamentos y material médico como para crear cosméticos.

Estos tejidos tridimensionales permiten comprobar si un producto genera irritación o alergias en humanos. Asimismo, se puede trabajar en nuevas cremas, champús, lociones o geles que ayuden a la salud de la piel o del cuero cabelludo.

La piel artificial sirve para experimentar nuevos productos sin maltratar animales.
La piel artificial sirve para experimentar nuevos productos sin maltratar animales.
ATLAS

José González Flores, gerente técnico y asuntos regulatorios de Natura Cosméticos y de The Body Shop en Chile, explicó que “los modelos 3D consisten en la construcción de estructuras espaciales similares a la piel a través de una impresora que posee un gel con las mismas células cultivadas en laboratorio que poseen las capas de la piel”.

Según González, los resultados de esta piel artificial son similares a los que se obtendrían al probar los productos directamente en una piel humana. Además, añadía que la impresión en 3D de piel humana artificial “contribuye a la etapa de desarrollo de ingredientes, ya que aumenta la velocidad y disminuye la variabilidad de las evaluaciones”.

Simulaciones por ordenador

Otra medida que los científicos también están implementando son los simuladores de pacientes humanos computarizados. Estos son bastante realistas, ya que simulan respirar, sangrar, convulsionar, hablar e incluso morir, según informa PETA en su blog.

Un estudio publicado en Physicans Committee for Responsible Medicine aseguraba que el 97% de las escuelas de medicina en Estados Unidos habían cambiado los experimentos con animales por estas simulaciones.

Además, AnimaNaturalis, una organización que lucha contra el maltrato animal, destacaban el software TOPKAT que “predice la toxicidad oral, cutánea y la irritación de los ojos”. Esta tecnología evita la experimentación en animales y es usada por la Food and Drug Administration, Environmental Protection Agency y la armada estadounidense.

Cultivos de células y pruebas in vitro

Una de las pruebas que se realizan en animales consiste en aplicar químicos en sus ojos para comprobar su toxicidad. No obstante, actualmente existen otros métodos, como el de cultivar células en una membrana y controlar eléctricamente los cambios de estas células al exponerse a los químicos.

Avon Products Inc. mataba hasta junio de 1989 a unos 24 mil animales cada año en su experimentación para sus cosméticos. Ahora, lleva a cabo muchas pruebas sin necesidad de emplear animales para medir los niveles de irritación de las sustancias.

Mediante un tejido sintético que simula la córnea y de la piel humana comprueba la reacción de estas partes del cuerpo a distintas sustancias. Esta prueba artificial puede ser utilizada para determinar la toxicidad de más de 5.000 materiales diferentes.

Por otro lado, existe Corrositex que es una prueba in vitro que sustituye a la que se realiza con las pieles de los animales. En ella se usa una membrana de proteínas que reacciona como lo haría la piel ante sustancias corrosivas.

Es una prueba in vitro para comprobar si una sustancia es abrasiva.
Es una prueba in vitro para comprobar si una sustancia es abrasiva.
Corrositex

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