Los Emmy nunca decepcionan y cada año causan mayor o menor revuelo al revelarse los nominados pero, dentro de lo que cabe, normalmente nos movemos en un inmenso grupo de sospechosos habituales con alguna que otra nominación “obligada” por esa norma no escrita de que hay que nominar cosas de series que se despiden. Sin embargo la mayor sorpresa para todos ha sido ver una serie tan “fuera del radar” como ‘Schitt’s Creek’.

Y de repente la vemos ahí, con cuatro nominaciones incluyendo mejor comedia y mejores actores principales para Eugene Levy (a quien recordaremos por ‘American Pie‘, entre otros) y Catherine O’Hara (‘Beetlejuice’, ‘Solo en casa’, entre muchos otros trabajos). 

Creada por Eugene Levy y su hijo Dan (quien también hace de hijo del personaje de Eugene), nos encontramos con la caída en desgracia de la millonaria familia Rose, quienes ven todos sus bienes embargados y mudándose a un pueblo que el patriarca compró “como broma” a su hijo. 

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Con esta premisa de “ricachones fuera de su mundo” se nos presenta una comedia que proyecta la palabra discreta por las cuatro esquinas de la pantalla. Sus primeros episodios no están mal, mostrando una comedia simpática pero sin grandes ambiciones y poco más que el espíritu de hacer algo decente. Es divertida, cumple y la actuación de Levy y O’Hara es estupenda.

Si no te suena la serie de nada, no te preocupes: ‘Schitt’s Creek’ es una producción original de la cadena canadiense CBC que en EE.UU. se ha estado emitiendo en el canal minoritario Pop (la antigua TV Guide Network). En España, de hecho, es una de las series que se han quedado enterradas en el catálogo de Movistar, donde podemos encontrar las cuatro primeras temporadas.

Haciéndose notar a base de insistir (y de encontrarse en Netflix)

Una serie con todas las papeletas para haber pasado desapercibida para la Academia de Televisión estadounidense. ¿Y qué ha pasado aquí? Pues dos factores: una imparable campaña promocional por parte de su cadena estadounidense unida a nada más ni nada menos que el efecto potenciador que tiene el que una serie se encuentre o no en Netflix USA. 

En la televisión canadiense funcionaba más o menos: debutó con una media de 1.4 millones de espectadores; en Pop la temporada 1 tuvo una media de 263000 espectadores (en conjunto de emisión lineal y DVR). Nada mal para una cadena de cable de ese tamaño. Sin embargo, la preocupación de Eugene era que la cadena apenas tenía impacto entre el público:

No todo el mundo sabía cómo sintonizar Pop. Así que el factor de conciencia en los Estados Unidos no era, diría, extremadamente alto. De hecho, no diría que era nada alto. De hecho, diría que era bajillo. Tuvimos un buen empujón promocional de Pop, con paneles, autobuses y paradas de autobuses en Los Angeles y Nueva York. Hicieron un excelente trabajo lanzando la noticia. Pero el problema era que la gente tenía que saber encontrar Pop en el dial.

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Pop sabía que tenía una gran baza en su poder, y el contar con dos estrellas multipremiadas con décadas de carrera televisiva y cinematográfica como son Eugene Levy y Catherine O’Hara les permitía hacerse cada año el circuito de talk shows yendo de Colbert a Corden. Para la cadena era su serie estrella y, mientras que en otras cadenas llega un punto en el que no necesitan o no quieren promocionar la temporada 4 de tal serie, aquí sí.

Los resultados se vieron enseguida. La temporada 2 vio un incremento de un 26% de la audiencia. Y, de repente, llega Netflix y pone a disposición de sus usuarios de Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Australia… las dos primeras temporadas. La temporada 3 vuelve a incrementar un 28% la audiencia televisiva; la cuarta, un 11% hasta acercarse al medio millón de espectadores. Cifra más que notable en el mercado del cable.

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Pop estima que entre todas sus plataformas, la última temporada de ‘Schitt’s Creek’ ha llegado a ser vista por más de tres millones de espectadores. Y, con el empujón de Netflix, Eugene Levy ha dejado de ser el “padre” de ‘American Pie’:

Cuando llegamos a Netflix hubo una notable mejora en la percatación de la serie. Lo notaba cuando viajaba, en el aeropuerto o en la calle, la gente decía “Hey ‘Schitt’s Creek’, gran serie”. Y escuchaba más el nombre de ‘Schitt’s Creek’ que “Hey, tienes dos pies izquierdos” o ‘American Pie’. Realmente parecía explotar en términos de conocimiento… y también en cómo la prensa escribía sobre la serie. Siento que la serie finalmente asoma la nariz sobre la superficie del agua. 

Este efecto Netflix ya lo hemos vivido con bastante asiduidad: ‘La casa de papel’ pasa de ser un moderado éxito en Antena 3 a un fenómeno internacional; lo mismo pasa con ‘Merlí’; el año pasado nos encontramos con ‘You’, que ya se había emitido en Lifetime y nos proporcionó una obsesión insana para terminar 2018…

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Y pensadlo bien: ¿cuántas series hemos descartado cuando las hemos visto anunciadas pero luego hemos devorado en cuánto la hemos visto en Netflix? Si a esto unimos el algoritmo de la plataforma que afina cada vez más en sus recomendaciones y que nos llena la pantalla de posibilidades de descubrir nuestro próximo gran maratón.

Camino a los Emmy 2019

Schitts Creek

Schitts Creek

Que ‘Schitt’s Creek’ vaya a tener presencia en los Emmy por primera vez desde 2015 no es casualidad. La serie es una entrada perenne en los Canadian Screen Awards, los referentes del país norteamericano, consiguiendo su segundo premio a Mejor serie este mismo año. El año pasado estuvo nominado a los Critics’s Choice y este año ya ha llamado la atención de los TCA y los MTV (con el empuje que eso supone).

Es un modo, también, de reconocer la constancia de sus responsables, que han logrado, poco a poco, colocar su bebé entre lo más alto y florido de la televisión. Que se lleve premios (teniendo una competencia claramente superior como ‘Barry‘ y ‘La maravillosa Sra. Maisel‘) ya es otra cosa.