Con el gasto energético por las nubes, parece lógico plantearse que otra forma de consumo es posible. Ahí es donde a todos nos vienen a la cabeza las renovables, si bien normalmente pensamos en eólica y solar. Pero hay otra fuente que es más importante y que supone dos tercios de la energía renovable: la hidroeléctrica.

La energía hidroeléctrica es aquella que se genera al transformar la fuerza del agua en energía eléctrica. Para aprovechar dicha fuerza, se construyen grandes infraestructuras hidráulicas capaces de extraer el máximo potencial de este recurso renovable, libre de emisiones y autóctono.

Aunque es habitual escuchar los términos ‘embalse’, ‘presa’ y ‘central’ de forma indistinta y a menudo como sinónimos, lo cierto es que cada uno de ellos hace referencia a una realidad diferente. El más obvio es el primero, que hace referencia a una forma de almacenamiento del agua. Las presas son el elemento que permite bloquear el caudal del río para formar el embalse. Finalmente, las centrales son las infraestructuras que producen una generación de energía.

Sin embargo, aunque parezca que todo este conglomerado va unido y al unísono, un reciente estudio ha descubierto que no son pocas las presas desaprovechadas en nuestro mundo, ya que se limitan a contener el agua sin que después se desarrolle la infraestructura adecuada para generar la energía, es decir, las centrales hidroeléctricas.

De hecho, afirma la investigación, la mayoría de las presas no fueron construidas para energía hidroeléctrica, sino que sus objetivos son más bien sociales y ambientales: ayudan a detener las inundaciones y abastecen de agua a las granjas y las familias, pero no generan electricidad, especialmente en los países en desarrollo.

Así, menos de una sexta parte de las represas asiáticas y una décima parte de las africanas generan cantidades sustanciales de electricidad, según Tor Haakon Bakken, ingeniero civil de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU).

Bakken aboga por un necesario cambio tecnológico de estas infraestructuras, proponiendo modernizar presas antiguas que no generan energía mediante la instalación de turbinas en sus bases.

El buen ejemplo de España

Casi la mitad de las grandes presas de Europa se utilizan principalmente para energía hidroeléctrica. Concretamente, en su estudio, este ingeniero y su equipo pone como buen ejemplo el caso español: modelaron teóricamente con la instalación de turbinas en sus bases para numerosas presas en una parte del sur de España. Su investigación encontró que, en muchos casos, la modernización era un enfoque económicamente viable y más respetuoso con el medioambiente que construir nuevas infraestructuras.

Ese reacondicionamiento sería interesante también para presas antiguas que sí son generadoras de energía. ¿Por qué? La clave está en el material biológico atrapado en sus fondos.

Algunas plantas hidroeléctricas generan cantidades alarmantes de gases de efecto invernadero. Los culpables, como saben ahora los científicos, son esos mismos reservorios y el material biológico atrapado debajo. “Básicamente, estás inundando un área completa que tiene toda esta vegetación que ahora se está descomponiendo bajo el agua”, señala para Spectrum Ilissa Ocko, científica climática del Environmental Defense Fund -Fondo de Defensa Ambiental-.

Esos gases de efecto invernadero y su dióxido de carbono pueden generar metano que, aunque no es tan duradero en la atmósfera, la calienta más. Los embalses que son más grandes en superficie y los embalses que tienen aguas más cálidas, como los que se encuentran cerca del ecuador, son especialmente propensos a ‘eructar’ grandes cantidades de metano.

Un estudio del Fondo de Defensa Ambiental encontró que casi el 7% de las 1.500 plantas hidroeléctricas de todo el mundo que examinaron emiten más gases de efecto invernadero por unidad de energía que las plantas de combustibles fósiles.

Por ello la opción más responsable medioambientalmente hablando es reconvertir esas infraestructuras en vez de construir nuevas, que se sumarían a la generación de esa contaminación atmosférica.

¿Cómo funciona una central hidroeléctrica?

Para que se pueda instalar una central hidroeléctrica lo primero que hay que hacer es situar una presa en el curso del río donde, artificialmente, acumulará un volumen importante de agua para formar un embalse.

Una vez acumulada, el agua adquiera una energía potencial que después se transformará en electricidad. Las centrales hidroeléctricas convierten en energía eléctrica la diferencia de energía potencial que tiene una determinada masa de agua al trasladarla entre dos puntos situados a distinta altitud o cota.

¿Cómo? El agua situada detrás de la presa discurre a través de una entrada y es conducida a través de una tubería que salva el desnivel entre dos puntos, lo que se conoce comúnmente como salto, y en el que el agua va adquiriendo velocidad a medida que la energía potencial se va transformando parcialmente en energía cinética.

El agua discurre por esa tubería hasta encontrarse con una turbina, encargada de transformar esa energía cinética en energía mecánica, para que el generador la transforme a su vez en energía eléctrica.

Por último, el caudal de agua abandona la turbina y desagua de nuevo al río sin apenas velocidad y con la energía potencial que corresponde a la altura del punto de desagüe.

El rendimiento global de todo el proceso es muy alto -entre el 90 y el 95%-, aprovechándose prácticamente toda la energía potencial del agua.

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