La obra de H. P. Lovecraft es tan fascinante como difícil de adaptar. Quizá resultado de ello es que la mejor película cercana a su estilo sea ‘En la boca del miedo’, una excelente obra de John Carpenter que bebé mucho de Lovecraft pero que no adapta ningún trabajo suyo. Eso no impide que cada cierto tiempo nos llegue algún largometraje que intente hacer justicia al genio de Providence y la última en llegar a los cines españoles ayer 7 de agosto ha sido ‘Color Out of Space’.

La película cuenta además con el aliciente de ser el regreso de Richard Stanley, un cineasta que desapareció de Hollywood tras su polémico despido de ‘La isla del Dr. Moreau’, un proyecto muy querido por él. Con ‘Color Out of Space’ firma su primera película de ficción en casi 30 años y en ella propone una enloquecida actualización del relato de Lovecraft con un Nicolas Cage en su salsa.

Desquiciamiento creciente

Nicolas Cage Color Out Space Nicolas Cage Color Out Space

El cambio más relevante que ha hecho Stanley, quien también firma el guion junto a Scarlett Amaris, es trasladar el relato hasta la actualidad. Eso conlleva que la tecnología tiene presencia en el relato, pero lo curioso es que lo hace más para demostrar su inoperatividad por culpa del efecto que provoca ese color venido del espacio que para cualquier otra cosa. Y que no deja de ser una forma de intentar hacer entender al público que algo así podría suceder actualmente en lugar de ser un peligro extraño propio de otra época.

De hecho, al respecto llama la atención que Stanley ha firmado una película que bien podría haber llegado durante los años 80, época en la que los híbridos entre ciencia-ficción y terror eran más habituales que en la actualidad. Y como bien apuntaba mi compañero John Tones, incluso parece estar buscando en Cage una interpretación en la línea de las que Jeffrey Combs ofreció por aquel entonces en varios largometrajes.

Cage ha llegado a convertirse en un meme por su tendencia a los excesos, algo que vuelve a exhibir aquí, pero sin que ello suponga desatarse y poner en peligro el conjunto de ‘Color Out of Space’. A su manera, es una especie de prolongación de la cara que ya mostró en la curiosa ‘Mamá y papá’, pero dando la sensación de estar todo más medido para ir mostrando una evolución más paulatina de un padre de familia responsable cuya voluntad acaba siendo anulada por esa extraña fuerza alienígena que también hace mella en sus seres más queridos. 

Luces y sombras de ‘Color Out of Space’

Escena Color Out Of Space Escena Color Out Of Space

En lo referente a la construcción del relato, ‘Color Out of Space’ guarda varios puntos en común con la reciente ‘The Beach House’, convirtiendo a la cinta de Jeffrey A. Brown en una opción a tener en cuenta si buscáis haceros una sesión doble. De hecho, esta última quizá refleje mejor el aislamiento de la sociedad de los protagonistas que la de Stanley, ya que aquí hay varios contactos con gente del exterior, algo que se remarca desde el inicio en el que coinciden los personajes interpretados por Madeleine Arthur y Elliot Knight.

A su manera, esos dos personajes sirven como punto de referencia para el espectador. Ella para que entendamos mejor el deterioro de los habitantes de esa casa aislada y él para dejar claro que lo que empieza como algo muy localizado puede descontrolarse fácilmente. Stanley tiene pegas en incidir en esa dualidad, pero lo cierto es que ‘Color Out of Space’ seguramente hubiese sido más fascinante si se hubiese centrado de forma exclusiva en cómo afecta la llegada de ese color alienígena en esa familia alejada de la sociedad.

Space Space

Y es que es en esos momentos donde ese toque casi alucinógeno que Stanley imprime a la película deja momentos más memorables al espectador, tanto por su atrevimiento visual para mostrar ese deterioro al extremo de forma gráfica como por la atmósfera enrarecida que no deja de ir progresivamente a más hasta convertirse en poco menos que una pesadilla más propia de la imaginación de alguien que haya consumido algún tipo de droga que cualquier otra cosa.

Algo más mundano resulta todo lo relacionado con el exterior, provocando algunos valles de interés que rompen el hechizo enfermizo que busca Stanley. Entiendo lo que quiere conseguir con eso, tanto ampliar los límites de ese evento tan focalizado como seguir ampliando esa conexión con la actualidad, pero ahí la película no funciona igual de bien y eso afecta también en parte al resto.

En resumidas cuentas

‘Color Out of Space’ es una cinta estimable que se sitúa entre las mejores películas basadas en obras de Lovecraft. Eso no quita para que tenga sus limitaciones, pero las virtudes superan con holgura a los defectos y se agradece mucho ver un tipo de cine que ha caído últimamente bastante en desuso cuando no hay ningún buen motivo que lo justifique.