Este 17 de noviembre se recuerdan los cincuenta años de una serie de hechos trascendentes y desafortunados en la historia provincial, conocidos hoy como “El Catamarcazo”: aquella movilización en la que actuaron diversos sectores sociales que lograron ser escuchados, a pesar de la violencia y muerte.

Después de semanas de reclamos a las políticas del gobernador de facto General Guillermo Brizuela, distintas agrupaciones sindicales, estudiantiles, la Policía Provincial y ciudadanía en general se levantaron en reclamo, lo que concluyó con una balacera frenética donde hubo una adolescente fallecida, además de heridos y detenidos.

El día 17 de noviembre de 1970 viene a expresar el corolario de un proceso social conflictivo en la provincia de Catamarca que pronto iba a ser denominado “El Catamarcazo”.

 A cincuenta años de este hecho significativo en la memoria de muchos catamarqueños todavía siguen vigentes los acontecimientos que marcaron una coyuntura en la historia local. La tradicional parsimonia catamarqueña se vio conmovida por los diversos hechos que surgieron a raíz de una serie de malestares sociales que habían tenido graves consecuencias en varias ciudades de la Argentina.

El día 17 de noviembre de 1970 Catamarca vivió una jornada de inusitado dramatismo. Había comenzado con un acto de enérgica protesta de la Policía Provincial que se auto acuarteló en la cárcel, en reacción por legítimos reclamos indefinidamente postergados por las autoridades. La sublevación policial representaba una noticia absolutamente inédita en la crónica lugareña.

A eso se sumó ya transcurrido el día la adhesión del pueblo manifestando espontáneamente su solidaridad con los reclamos de las organizaciones gremiales. Esa manifestación recorrió las calles de la ciudad, solicitando a viva voz la renuncia del Gobernador, Guillermo Ramón Brizuela.

Una de las columnas estaba encabezada por los máximos dirigentes sindicales de la Mesa Coordinadora Gremial liderada por el Sr. Manuel Isauro Molina y el Sr. Oscar Adrián Gordillo. El vehículo que los transportaba se dirigió a Casa de Gobierno, en esos momentos ocupada por los efectivos de la Policía Federal. De repente, desde el interior de la Casa de Gobierno partieron ráfagas de ametralladora que impactaron en la multitud, e incluso afectaron a ocasionales transeúntes que circulaban o se encontraban en la Plaza 25 de Mayo.

El saldo inicial de la represión fue de un muerto: la estudiante de Secundaria, oriunda de Huillapima, María Dolores Pacheco, y cinco heridos, algunos de ellos de extrema gravedad.

La situación se hizo muy confusa, los manifestantes intentaron ingresar a la Casa de Gobierno, pero rápidamente se dispersaron. Fue un hecho de suma tensión y dramatismo nunca antes vivido en la provincia.

Como consecuencia de estos hechos, el Gobierno Nacional – en poder de Juan Carlos Onganía- desplazó al gobernador General Guillermo Ramón Brizuela y el clima social retornó a una tensa normalidad.

Es meritorio destacar la participación de los trabajadores y sus gremios, Oscar Vera del SOEM, el profesor Isauro Molina y el señor Adrián Gordillo, por el gremio docente, Aníbal Díaz Martínez por ATEP, el presbítero Ramón Rosa Olmos por el diario La Unión, el estudiante Carlos Perea, el profesor Luis Varela Dalla Lasta por el Centro de Profesores y un centenar de personas que participaron en las jornadas de protesta.

Catamarca no estuvo ajena a los tiempos que se vivían en el país y la región, la ciudadanía se levantó ante los desplantes de los gobiernos dictatoriales. La típica tranquilidad catamarqueña se vio sacudida por las ráfagas de armas y los gritos de reclamos ante los pedidos de equidad y justicia.  Estos hechos fueron el preludio de una época más oscura aún que -a la luz de la historia- nos permite ver cómo aquellos catamarqueños se comprometieron en una lucha por causas de gran justicia.

Prof. Carlos Carabajal. A partir de “El Catamarcazo” del magister Gustavo Alvarez y ejemplares del diario La Unión de noviembre de 1970.